
Un estudio con Aedes aegypti muestra que las bacterias que viven en su cuerpo podrían influir en los lugares donde prefiere estar
Cuando pensamos en mosquitos, casi siempre pensamos en zumbidos, picaduras y enfermedades como dengue, Zika o chikunguña. Pero detrás de un mosquito como el aegypti hay mucho más que un insecto incómodo: también hay una historia de adaptación, temperatura y microorganismos que podrían influir en su comportamiento.
Ae. aegypti es uno de los vectores de enfermedades arbovirales más importantes del mundo. Su capacidad para transmitir virus y adaptarse a nuevas condiciones ambientales, como cambios en la temperatura y las precipitaciones, lo convierte en un reto constante para la salud pública.

Con esa pregunta en mente, la investigadora principal Claudia Ximena Moreno Herrera, del Departamento de Biociencias de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, lideró un proyecto para estudiar la relación entre el microbioma del mosquito y su preferencia por ciertas temperaturas. El trabajo contó también con la participación de Alejandro Castañeda, estudiante de posgrado, y con el apoyo del semillero del grupo de investigación Microbiop.
En palabras sencillas: el estudio buscó entender si las bacterias que viven asociadas a Ae. aegypti pueden influir en los ambientes térmicos que este insecto prefiere.
Para hacerlo, el equipo trabajó con poblaciones de Ae. aegypti provenientes de tres zonas colombianas de importancia epidemiológica: La Paz, Cesar; Leticia, Amazonas; y Medellín, Antioquia. Los mosquitos fueron criados bajo condiciones controladas y luego evaluados en un dispositivo con temperaturas entre 16 °C y 36 °C, para observar en qué rangos preferían permanecer.
El experimento tuvo un giro clave: algunos mosquitos fueron tratados con antibióticos para reducir su carga bacteriana, mientras que otros se mantuvieron sin ese tratamiento. Así, el equipo pudo comparar qué pasaba cuando el mosquito conservaba su microbioma y qué ocurría cuando esa comunidad bacteriana se alteraba.
Los resultados mostraron que las poblaciones no se comportan igual. Los mosquitos de La Paz y Leticia prefirieron rangos más frescos, especialmente entre 16 °C y 23 °C. En cambio, los de Medellín se ubicaron principalmente entre 23 °C y 26 °C, aunque también se observaron abundancias en temperaturas más bajas.
Y aquí aparece el hallazgo más interesante: cuando se redujo la carga bacteriana, el comportamiento térmico de los mosquitos cambió. Esto sugiere que el microbioma no es un simple acompañante, sino que podría tener un papel en la forma en que Ae. aegypti responde al estrés térmico incidiendo en la preferencia del insecto por temperaturas más “seguras”.

¿Por qué importa esto? Porque controlar un mosquito no depende solo de eliminar criaderos o aplicar insecticidas. Esas estrategias siguen siendo importantes, pero la biología del vector es más compleja. La temperatura, el lugar de origen y hasta las bacterias asociadas al mosquito pueden modificar su comportamiento y, posiblemente, la efectividad de las medidas de control.
Este proyecto aporta información sobre el microbioma en la modulación de la fisiología y la adaptación térmica del insecto. Tal vez el mensaje más importante es que, para enfrentar enfermedades como el dengue, no basta con mirar al mosquito por fuera. También hay que mirar lo que lleva dentro.