Hoy enseñar ciencias naturales y matemáticas implica mucho más que transmitir contenidos. Debe llevar a formar pensamiento crítico, innovación y comprensión del mundo.
Por eso, la Universidad Nacional de Colombia te invita a hacer parte de la Maestría en la Enseñanza de las Ciencias Exactas y Naturales, un programa diseñado para fortalecer tu desarrollo profesional y transformar tu práctica docente.
Nuestra formación se estructura en cuatro grandes bloques: talleres, seminarios, trabajo de grado y asignaturas electivas, que integran los fundamentos de las Ciencias Naturales y las Matemáticas con el uso pedagógico de las TIC, las didácticas activas y espacios de profundización científica.
Aquí aprenderás a conectar el conocimiento disciplinar con estrategias innovadoras de enseñanza, investigación educativa y soluciones reales para los contextos escolares actuales. Si buscas avanzar profesionalmente, investigar sobre tu propia práctica y aportar a la educación científica del país, esta maestría es para ti.
Conoce el programa e inscríbete.
Universidad Nacional de Colombia — conocimiento que transforma la educación.

La Facultad de Ciencias invita a sus los estudiantes de pregrado, posgrado, docentes y egresados a participar en los claustros programados en el marco del proceso de la MECUN, espacios de encuentro y construcción colectiva en los que se abordarán temas relacionados con la democratización de la vida universitaria y su gobierno.
Estos espacios buscan promover el diálogo informado, la reflexión crítica y la participación activa de la comunidad universitaria en un momento clave para el presente y futuro de la Universidad.
Para el desarrollo de los claustros, se recomienda a los participantes consultar, leer y descargar previamente los siguientes documentos, los cuales servirán como base para la discusión:
Documento propuestas para la democratización de la vida y el gobierno universitario
Documento preguntas orientadoras claustros 2026
Invitamos a toda la comunidad de la Facultad a prepararse, participar y aportar en este ejercicio colectivo. La construcción de la Universidad es un proceso que nos involucra a todos.

Hay algo que no vemos, pero que está en todas partes: la radiación.
Está en un examen médico, en un tratamiento contra el cáncer y también en tecnologías energéticas como los reactores nucleares. Y aunque es fundamental para la sociedad moderna, también implica riesgos que deben entenderse y controlarse.
Ahí es donde entra el Grupo de Investigación de Protección Radiológica y Física Médica.
Este grupo trabaja en una pregunta clave: ¿cómo usar la radiación de forma segura y eficiente?
Desde la protección radiológica, estudian cómo la exposición a radiación ionizante puede afectar a las personas y al ambiente, algo cada vez más relevante en un mundo donde estas tecnologías son cada vez más comunes.
Desde la física médica, van un paso más allá: analizan cómo se generan las imágenes médicas, cómo se puede extraer información de ellas y cómo optimizar tratamientos como la radioterapia.

Fuente: Anna Shvets- Pexels
Uno de sus proyectos más interesantes trabaja en algo que suena casi futurista: la radiómica, en donde la idea es convertir imágenes médicas en datos.
No solo ver una tomografía, sino analizarla matemáticamente para encontrar patrones invisibles al ojo humano. Esto permite detectar enfermedades, predecir su evolución y tomar mejores decisiones clínicas.
Como se muestra en su trabajo, este proceso implica desde la adquisición de imágenes hasta la construcción de modelos predictivos basados en datos.
El grupo también explora el futuro de la energía nuclear.
En particular, estudian reactores de cuarta generación, diseñados para ser más seguros, eficientes y sostenibles. Estos sistemas incorporan mecanismos de seguridad pasiva (es decir, pueden responder a fallas sin intervención humana) y buscan reducir la generación de residuos radiactivos.

Fuente: es.pngtree
Más que una tecnología del futuro, son una respuesta a un problema actual: cómo producir energía sin aumentar las emisiones.
Pero su trabajo también tiene un impacto directo en la salud.
Otro de sus proyectos se enfoca en los aceleradores lineales (LINAC), equipos clave en radioterapia. Estos dispositivos deben funcionar con una precisión extrema, porque cualquier desviación puede afectar un tratamiento.
Por eso, el grupo trabaja en actualizar los protocolos de auditoría, incorporando nuevas técnicas que permitan garantizar que estos equipos operen correctamente todos los días.
Más allá de los proyectos, el grupo, liderado por los profesores Javier Morales Aramburo, Gloria Díaz Londoño y Jorge Anselmo Puerta Ortiz que actualmente cuenta con 10 integrantes, cumple un rol fundamental: formar profesionales capaces de trabajar con radiación de manera segura.
Esto incluye físicos médicos y especialistas en protección radiológica, perfiles que no solo son altamente especializados, sino también necesarios por normativas internacionales en hospitales y otras instalaciones.
A veces, se trata de entender “lo invisible”, para poder controlarlo.
En un rincón de la Facultad de Ciencias, donde antes había equipos en desuso y un laboratorio que funcionaba como aula–taller, hoy está tomando forma algo muy distinto: una infraestructura capaz de potenciar la investigación científica en múltiples áreas al mismo tiempo.
Se trata de Clusterciencias, un clúster computacional que permite que varios computadores trabajen de manera conjunta, como sola gran máquina. Pero lo más interesante no es solo lo que hace, sino cómo nació.
El proyecto comenzó con una pregunta simple: ¿qué pasaría si en lugar de dejar equipos sin uso, los conectamos y los ponemos a trabajar juntos?
A partir de un inventario detallado de los computadores disponibles en la Facultad, se seleccionaron aquellos con mejores capacidades. Luego, se reacondicionaron y se complementaron con equipos más recientes aportados por profesores.
Así, lo que antes eran recursos olvidados se convirtió en una infraestructura organizada dentro del Laboratorio de Sistemas Complejos Naturales (LSCN), pensada no para un solo grupo, sino para toda la Facultad.
Imagen 1: Lo que antes eran equipos desconectados (izquierda), hoy funciona como una sola máquina (derecha)
En lugar de depender de un solo computador, el sistema se divide en varios nodos, cada uno con una función específica.
En el caso de “clusterciencias”, estos nodos (con nombres icónicos como Curie, Rubin, Gauss y Laplace) trabajan en conjunto para ejecutar tareas complejas: desde simulaciones científicas hasta modelos matemáticos avanzados.
En términos simples: problemas grandes se dividen en partes pequeñas y varios computadores los resuelven al mismo tiempo.
Aunque el clúster aún se encuentra en fase de pruebas, ya está siendo utilizado en proyectos piloto en áreas como matemáticas, estadística y geociencias.
Los primeros resultados muestran mejoras importantes: reducción en los tiempos de cómputo, mayor disponibilidad de recursos y la posibilidad de ejecutar tareas que antes eran inviables.
Pero quizá el cambio más importante no es técnico, sino cultural.
Antes, cada grupo de investigación trabajaba con sus propios recursos.
Hoy, el clúster permite compartir capacidades, conectando a investigadores de distintos departamentos en torno a una misma infraestructura.
El camino, sin duda, no ha sido del todo sencillo.
Uno de los principales desafíos ha sido la heterogeneidad del hardware: no todos los equipos tienen la misma capacidad, lo que dificulta aprovechar al máximo el procesamiento en paralelo.
A esto se suman otros retos: implementar sistemas de monitoreo del rendimiento, formar a nuevos usuarios y asegurar recursos para mantenimiento y crecimiento.
Resolver estos puntos será clave para consolidar el clúster a largo plazo.
Más allá de lo técnico, Clusterciencias representa una forma distinta de pensar la infraestructura científica: colaborativa, adaptable y construida a partir de lo que ya existe, gracias al trabajo y la dedicación del técnico Andrés Mauricio Cañaveral, y al liderazgo y la gestión de la profesora María Clara Zuluaga.
En los próximos meses, el equipo espera fortalecer el sistema, ampliar su capacidad y consolidar métricas que permitan demostrar su impacto, con miras a obtener financiación y expandir su alcance.
Si algo deja claro este proyecto es que, en ciencia, no siempre se necesita empezar desde cero. A veces, basta con conectar lo que ya está y hacerlo trabajar en conjunto.